Hola!!! Como siempre un gusto poder escribir sobre un tema
que causa tanto interés y que muchas veces no tenemos tan claro, aunque mi
recomendación será siempre ante la duda acudir al pediatra o especialista
correspondiente.
Empecemos por definir el término alergia. La Academia
Europea de Alergología e Inmunología Clínica (EAAACI) propuso, en el año 2001,
una nomenclatura para facilitar el correcto diagnóstico de una alergia
alimentaria.
Existe el término hipersensibilidad a alimentos, esto es
cualquier sintomatología que se desarrolle tras la exposición a algún alimento.
La alergia será cuando estas reacciones de hipersensibilidad estén dadas por un
mecanismo inmunológico específico. ¿Hasta aquí vamos bien?, perfecto.
Algo que es importante tomar en cuenta en los antecedentes
familiares son al atopias, que son la producción de anticuerpos específicos Ig E
en respuesta a alérgenos, generalmente proteínas y desarrollan síntomas como
asma, rinoconjuntivitis, eczema o dermatitis.
Ahora entonces vamos a clasificar las reacciones adversas a
alimentos para no confundir y pensar que cualquiera de ellas es sinónimo de
alergia:
ALERGIA A ALIMENTOS:
Son aquellos cuadros clínicos con mecanismo inmunológico
comprobado, y pueden ser medidas por Ig E, como las producidas por otro
mecanismo inmunológico (no mediadas por Ig E).
HIPERSENSIBILIDAD NO ALÉRGICA A LOS ALIMENTOS:
Casos en los que hay una relación entre el cuadro clínico y
la ingesta de un alimento pero no se puede demostrar ningún mecanismo
inmunológico. Puede ser por defectos enzimáticos (intolerancia a la lactosa),
efectos farmacológicos de sustancias añadidas a los alimentos o presentes en
ellos (cafeína, histamina, tiramina), este caso de la histamina es lo que sucede
muchas veces y confundimos con reacción alérgica cuando a nuestro bebé tras
ingerir tomate o berenjena le aparecen manchas rojas alrededor de la boca; pero
cuando aplicamos agua fría debe desaparecer. También hay hipersensibilidad no
alérgica a los aditivos en los alimentos.
INTOXICACIÓN:
Es una reacción adversa debida a la ingesta de sustancias
tóxicas por contaminación del alimento o durante su procesamiento, como
bacterias y toxinas.
Tomando esto en cuenta aparece la famosísima APLV, alergia a
las proteínas de la leche de vaca. El término Intolerancia a las proteínas de
la leche de la vaca está mal empleado; existen dos grupos como mencionamos
antes los mediados por Ig E y lo no mediados por Ig E, a estos últimos es a los
que suelen mal nombrar “intolerantes”. Sus diferencias se observan en la
intensidad cuadro clínico y la resolución, en las mediadas por Ig E suele
desaparecer a los 5 años de edad y las no mediadas por Ig E antes del año.
 
 
SINTOMAS Y SIGNOS
–         
Reacciones mediadas por Ig E:
o  
Cutáneas: urticaria y/o angioedema
o  
Digestivas: comezón en la boca, edema
perilabial, lingual y/o úvula; náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea.
o  
Respiratorias: rinoconjuntivitis, asma,
dificultad respiratoria.
o  
Anafilaxia
–         
Reacciones no mediadas por Ig E:
o  
Proctocolitis: es cuando aparece sangre en las
heces del bebé, sele ser mas frecuente en niños amamantados.
o  
Enteropatía sensible a alimentos: Aparece entre
los 6 y 12 meses de edad, se caracteriza por vómitos y diarrea que evoluciona a
malabsorción, afectando el peso del niño.
o  
Enterocolitis inducida por alimentos: similar al
anterior pero un cuadro más agudo y grave.
 
Ahora lo que nos preocupa a mamás y papás al momento de
introducir los sólidos en la dieta del bebé es la posible aparición de
reacciones alérgicas y el debate del porque algunos autores, entre ellos
médicos y nutricionistas afirman que no hay razón para retrasar la introducción
de ningún alimentos, salvo en casos de antecedentes familiares; pero en cambio
cuando acuden al pediatra les entregan unas hojitas con pautas estrictas de
alimentos permitidos y no permitidos. En el momento actual no existe evidencia
suficiente que demuestre que retrasar alimentos más allá de los 6 meses
disminuya el riesgo a presentar alergias alimentarias.
En caso de bebés que son alimentados con lactancia materna
la evidencia actual refiere que la leche materna junto con la alimentación
complementaria a los 6 meses, puede ayudar a prevenir el desarrollo de alergia
a alimentos, esto es debido a los múltiples beneficios inmunológicos que brinda
la leche humana como la presencia de Ig A secretoria, además de la microbiota
comensal presente en los conductos galactóferos y en la piel de la mamá que
estimula todo un arsenal inmunológico que genera tolerancia hacia los
alimentos. Si ya sumábamos beneficios de la lactancia materna, no hay más que
afirmar lo sabia que es la naturaleza.
Dicho lo anterior, los alimentos se pueden ofrecer sin
problemas, tomando en cuenta como antes mencioné si existen antecedentes
familiares. Incluso los alimentos potencialmente alergénicos como el huevo,
trigo, nueces etc., pero siguiendo las pautas de ofrecer cada alimento nuevo
uno a uno y por un periodo de tres días, si este alimento ha sido bien tolerado
deberá seguir formando parte de la dieta del bebé. Yo agregaría lo que el BLW
propone, que es ofrecer los alimentos nuevos por la mañana o primeras horas de
la tarde, para observar si aparece algún síntoma o signo, ya que en la noche
puede ser más difícil de observar y el bebé además es cuando duerme.
Entonces, mamás y papás hoy sabemos un poco más sobre
alergias y sobre introducción de alimentos. Lo cual nos da otro punto a favor
del BLW, porque de esta forma ofrecemos los alimentos evitando mezclas y así
poder identificar si existe un alimento que esté causando problemas, sin tener
que después como en el caso de un triturado, ir separando cada componente para
determinar el causante de la reacción.
Insisto mucho en que ante cualquier sintomatología e incluso
la duda de alguna reacción tras la ingesta de algún alimento, siempre, siempre
acudir a un servicio médico.
Espero sea de su interés esta entrada y esperamos sus
comentarios y dudas. Un abrazo y sigamos con la aventura!!!!
 
 
BIBLIOGRAFÍA:
1.- Actualidades en alergia a alimentos. Huerta R., Huerta J., Ortega J. Alergia, Asa e Inmunología pediátricas. Vol 22. Num 2, Mayor-Agosto 2013.
 
 

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