Neofobia alimentaria

¿Han escuchado alguna vez el término “neofobia alimentaria”?

Probablemente no, pero ¿te ha pasado o conoces algún caso de peques que rechazan probar alimentos nuevos?.

Niños con una dieta muy selectiva de ciertos grupos de alimentos, que erróneamente etiquetamos como “malos comedores”.

En este post vamos a hablar sobre la neofobia alimentaria y otras causas del porqué los peques pueden rechazar probar nuevos alimentos.

Además de estrategias para mejorar estos casos y determinar cuando debemos acudir a un profesional para ayudarnos.

¿Qué es la neofobia alimentaria?

Aprender a comer no es tan sencillo

El comer es un proceso, no es solo un instinto, se ven envueltos muchos factores, desde físicos que involucran un adecuado desarrollo psicomotor y maduración de órganos y sistemas que participan del proceso.

Comer va más allá de introducir los alimentos a la boca, hay factores psicológicos, educativos y sobre todo sociales.

El inicio de la alimentación complementaria supone un reto para muchos padres, pero más aún cuando el bebé que antes comía fenomenal deja de hacerlo.

Para muchos da tranquilidad ofrecer triturados porque de esa manera “se aseguran” que el bebé esté alimentado, pero en algún momento tendrá que hacerlo por sí mismo.

El rechazo a nuevas texturas puede tener diferentes motivos, en su gran mayoría son fisiológicos y totalmente esperados según su edad.

Otros podrían ser problemas estructurales de los órganos involucrados en el proceso de comer, a nivel orofaríngeo, deglución, masticación, digestión, etc.

Pero hoy vamos a hablar de cuando ya establecida una dieta, nuestro hijo rechaza probar algo nuevo o deja de consumir alimentos que antes disfrutaba y su dieta se vuelve más selectiva.

La neofobia alimentaria como su nombre indica es el miedo a probar nuevos alimentos.

Durante la infancia se presentan varias etapas de preferencias alimentarias que son habituales.

Alrededor de los 2 y 3 años de edad los niños pasan por una etapa de “comedor resistente” (ahora hablaré más de este término), en la cual se vuelven muy selectivos y rechazan la incorporación de nuevos alimentos.

En la adolescencia pasa una etapa similar, en la que el factor social influye mucho en esta selección de alimentos.

En una primera etapa de la alimentacion complementaria, es decir los bebés a partir de los 6 meses hasta el año de edad se puede presentar un rechazo a las texturas, más que una neofobia alimentaria. Te lo cuento en el enlace anterior.

He encontrado revisando artículos algo que me ha llamado mucho la atención… “el dilema del omnívoro”, les cuento; esta neofobia alimentaria se presenta en todos los animales omnívoros y se considera una estrategia adaptativa de protección.

Esta estrategia los protege de alimentos potencialmente peligrosos. Al inicio los animales son alimentados y no “cuestionan” el orígen o la inocuidad de ese alimento, pero al crecer tienen que aprender a alimentarse por sí mismos y eso genera miedo.

Bueno, los humanos en nuestra inmensa complejidad no perdemos los instintos básicos de supervivencia, pero si se ven afectados por lo que sucede a nuestro alrededor y nuestra capacidad de raciocinio.

Factores que favorecen la neofobia alimentaria

Aspectos educativos, sociales y afectivos

Uno de los mecanismos que nos permite seguir probando alimentos nuevos y no quedarnos suspendidos en el “dilema del omnívoro” es la imitación de nuestros iguales.

Es decir, la convivencia y el ejemplo de lo que observamos desde niños en nuestra casa.

De ahí el factor educativo de la alimentación, el obligar, el chantaje, el premio-castigo solo generará aun más rechazo.

Relacionar la hora de comer con una obligación, con unas cantidades exactas y estrés afectará la incorporación de nuevos alimentos a la dieta.

La frutración, los enfados y las amenazas no solo afectan en la alimentación, incluso dañan la relación con nuestros hijos, esa relación de confianza y cariño.

Dentro de los aspectos sociales es cómo percibe nuestro hijo la comida en su entorno ¿es un momento de encuentro o es lo que debe ser sin más?.

Como se desarrollan las comidas en familia, si existen factores distractores como la tele, juguetes, móviles, etc., se ven involucrados en su relación con los nuevos alimentos.

El ejemplo como siempre lo es todo, si nuestros hijos observan que nosotros llevamos una alimentación caótica, lo verán como lo habitual y buscarán imitarnos.

El valor cultural que damos a los alimentos, también influye “cómete las verduras y te doy una chuche”, damos el concepto de que hay alimentos “aburridos” y alimentos “divertidos”.

Relacionamos la infancia feliz con alimentos suprefluos y eso supone un paso atrás en la incorporación de alimentos saludables en la dieta de nuestro hijo y más aun que se mantenga esa dieta en el tiempo.

De todo esto podremos entender que comer y más bien aprender a comer no es sencillo.

La neofobia alimentaria se ha visto que está relacionada con un menor consumo de verduras y frutas, lo cual afecta la dieta saludable y es un factor de riesgo de obesidad infantil al no tener una dieta variada.

La selección tiene que ver en su mayoría con el sabor, los niños prefieren de manera instintiva los sabores dulces que provocan más impacto, antes que los sabores amargos o planos, pero ahí radica la importancia de seguir ofreciendo y que en casa estos alimentos estén a su alcance.

Neofobia alimentaria

Comedores resistentes o picky eater

Se llama “comedor resistente” a la persona que presenta alguna de estas características:

  • Selección limitada de alimentos. Entre 10-15 alimentos.
  • Grupos limitados de alimentos. Rechaza uno o varios grupos como verduras o carnes.
  • Ansiedad cuando se presentan nuevos alimentos. Presentan náuseas o vómitos al verlos.
  • Manías presentes, por ejemplo, requieren que esté presente siempre un mismo alimento y de la misma forma en cada comida.

Recordemos que existen etapas en el que ser selectivo es normal, pero al final pasan y no se perpetúan en el tiempo.

Esta resistencia o neofobia alimentaria que empieza entre los 2 y 3 años de edad va desapareciendo cuando el niño se acerca a los 5 años.

¿Cuándo debemos buscar ayuda?

Siempre cualquier duda es importante trasladarla a nuestro pediatra, ellos tienen las herramientas para determinar si esto forma parte de un etapa o debe prestarse más atención.

Si una situación de neofobia alimentaria se mantiene en el tiempo, si observamos que afecta su desarrollo, si genera ansiedad o conductas llamativas como llanto excesivo, náuseas o vómitos deberá valorarse en conjunto con el pediatra y si ve necesario con apoyo psicológico.

El apoyo psicológico es muy importante ya que como comentamos antes, esto puede ser una situación estresante para la familia.

Por un lado los padres están preocupados y pueden en su afán de ayudar llevar a cabo estrategias que empeoren la situación.

Obligar a un niño a comer solo generará mayor frustración y daña la afectividad en la relación con sus padres.

La valoración de que este rechazo pueda ser sensorial, peques que son muy sensibles al tacto, olfato y gusto, se trabaja en áreas especificas de terapias de acercamiento a texturas como programas de educación sensorial.

Existe una escala de neofobia alimentaria que dejaré en el enlace de uno de los artículos que he revisado al final del post, es una escala que consta de 10 preguntas que pueden responder los padres o el niño mayor de 5 años.

Estrategias y conductas a seguir

¿Qué podemos hacer?

La primera estrategia será el seguir ofreciendo los alimentos nuevos.

Está descrito que para que un niño acepte un alimento nuevo incluso tendremos que ofrecerlo hasta 10 veces.

Ahora bien, no se refiere a 10 veces consecutivas, ni a llenar el plato de ese alimento nuevo en cada comida.

Empezar por pequeñas cantidades, se ganan batallas cachito a cachito.

Variar la presentación, combinar con otros sabores, darle una vuelta a las comidas. Sin olvidar que como a todos puede ser que algo no nos guste, simplemente porque no, que si tu hijo no le gusta el brócoli, no pasa nada.

Neofobia alimentaria

Hablamos aquí de un rechazo a probar varios alimentos, de una selección muy fina de ellos, no el hecho de que no le guste la coliflor ni asada, ni con virutas de chocolate, si no le gusta no es motivo de agobio.

En otro artículo que he revisado, que también les dejaré al final del post, se habla de las actividades que pueden llevarse a cabo en los colegios.

Me ha parecido súper interesante porque el colegio es un apoyo vital en el desarrollo de nuestros peques, en su percepción de una alimentación saludable y buenos hábitos.

Hablamos por ejemplo de crear huertos escolares, acercar a los peques al conocimiento de dónde provienen los alimentos y como llegan a nuestros platos. Ser ellos los que ayuden a que crezca una verdura, una hortaliza es genial.

Que los peques nos acompañen a la compra también ayuda mucho y en muchos coles es parte de las excursiones visitar un mercado para que observen la cantidad y variedad de alimentos.

Una estrategia maravillosa es permitir a los peques preparar los alimentos.

En muchos coles hacen talleres, pero lo más sencillo es hacerlo en casa.

Dependiendo su nivel de autonomía puede batir los huevos, pelar verduras, cortar trozos, machacar, espolvorear, etc. A los niños les encanta ayudar en la cocina, es un estímulo sensorial genial, un trabajo motor grueso y fino, además ¿a quién no les gusta probar sus creaciones?.

Neofobia alimentaria

Y como siempre les recuerdo, la paciencia es la clave.

Estas estrategias están dirigidas a mejorar esa resistencia a probar, siempre recordando que son etapas y que pasarán.

No recurramos a estrategias erróneas que solo provocan más rechazo.

Intentemos no agobiarnos, no quitar el ojo, pero no agobiarnos. No pensemos que nuestro hijo es el único que come mal, que es un caprichoso, es una etapa.

Quitemos la etiqueta de “mal comedor”, menos aun hagamos demostraciones de que un niño es bueno si come y malo si no lo hace.

En caso de que observemos que a pesar de las estrategias y paciencia este rechazo se mantiene insisto en acudir al pediatra para una mejor orientación.

Lo más importante… RESPETO. Respetemos a nuestros hijos, creemos lazos de confianza, esto no es una batalla de poder, no es pensar que tu hijo se te sube a las barbas, es un pequeño que está creciendo, está en proceso de aprendizaje y tú eres ese profesor de vida.

Espero les haya sido de utilidad este post y aquí abajo tienen los post de artículos que me han parecido muy interesantes y de donde obtuve mucha información.

“Importancia de involucrar a niños y niñas en la preparación de las comidas” Edurne Maiz, Elena Udaneta y Xavier Allirot

“Problemas de los niños a la hora de comer: Comedores resistentes y neofobia alimentaria” Antonio Sarría Chueca, Jesús Fleta Zaragozano

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